25 jul. 2012

Tusquets, espérame en el infierno


© de la foto www.txemarodriguez.com



Ayer moría Esther Tusquets con 75 años. Una buena edad para morir, pienso yo, pero sin duda demasiado pronto para perder a una persona excepcional. Conocida como la gran dama de la edición, escritora, con una prosa tan sincera que duele, especialmente a quien apuntaba con su pluma afilada.

Alguno que me conozca, pensará que ahora me ha dado por los catalanes franquistas, como esta afiliada a falange, que según sus propias palabras "ingenua y de buena fe", se afilió porque pensaba "a pie juntillas que era de izquierdas", pero en realidad lo que ocurre es que digan lo que digan los maestros thailandeses, aún no soy capaz de afrontar la muerte, y la de Tusquets, es una de esas que no sabes como tomarte, pero estas seguro de que es una gran pérdida.

Dirigió Lumen durante 40 años, y salió despavorida con la llegada de los señores del mercachifle editorial, que poco saben de libros y mucho de mercadotecnia, y en ese tiempo fueron muchos los autores que pasaron por sus manos, la literatura que trajo a España, y la que descubrió en su tierra. Trayendo a Umberto Eco y a Quino a este país de poca lectura, a muchos nos abrió los ojos a los libros y nos lo enseñó todo. Por que todo lo aprendimos de los libros, y en Lumen el trabajo de Esther fue más que sobresaliente.

Mi amiga Marta compartía ayer un enlace a una reseña de “Habíamos ganado la guerra” en el que Tusquets nos cuenta como vivió esa victoria, contrapunto de una historia tantas veces contada desde el bando de los perdedores (y es que en este país, en el que todo esta del revés, ni los ganadores escriben su historia), y recordé un párrafo que inspira el título de esta entrada. “ (…) Lucifer era el más hermoso de lo ángeles, el ángel rebelde, el que le dijo “non serviam” a dios (desde siempre, ya desde muy niña, este “non serviam” me pareció magnífico, mucho más fascinante que “he aquí la esclava del señor”).

Como comprenderán, ese non servian, con el que yo he crecido, convencido de que el infierno sería mi destino eterno, se me hace ahora mucho más llevadero, pensando que como yo, ella se queda con Lucifer, y que en el infierno, a la sombra de sus perfectas alas, Esther escribirá y editará incansable como siempre ha hecho, y yo podré seguir leyendo.